jueves, 6 de septiembre de 2007

EL ESPEJO





Su mirada aguda ante el espejo y figura es más acuciosa. Ningún detalle escapa a sus ojos pues busca, frente a su espejo, las verdaderas y concretas razones que arguye el hombre que la encuentra hermosa, femenina, delicada y atractiva.
Trata de amarrarse un pañuelo sobre su depilada cabeza. El amarre no le queda bien, suspira y exhala su impotencia porque, después de un largo tratamiento contra el cáncer, ha perdido toda su hermosa, atractiva y cuidada cabellera.
Ante los demás ríe y hace bromas con su tragedia. A ninguna mujer le gusta verse sin cabello que cubra su cabeza porque es parte de la esencia femenina, además, a nadie le gusta dar lástima. Solo se da el derecho de expresar toda su impotencia, su pena y desolación frente al espejo porque, solo su espejo le muestra, según ella, la verdad. Este espejo, nada tiene que ver con ese del cuento de niños. Aquel, se sentía obligado a mentir ante la pérfida mujer.
Cada fisura nueva en su rostro, la denuncia. Cada kilo que transponga el límite hermoso de su figura, lo acusa y destaca.
Es testigo de la embriaguez de su desolación, impotencia, de la incertidumbre ante su futuro que, en ocasiones la despierta angustiada.
También conoce un nuevo rostro. No hermoso, delgado y canoso. Ha oído los susurros de amor y promesas que ha cumplido con fidelidad. Ha escuchado canciones escritas y compuestas por ese nuevo rostro para la mujer y dueña de casa que lo ha mantenido en su dormitorio durante muchos años. A ambos, los ha visto mirando un futuro incierto pero lleno de sueños. Sueños maduros y posibles de alcanzar.
Tras su mirada de vidrio, guarda muchas vivencias de la dueña del dormitorio. Algunas muy dolorosas, otras felices. Unas muy tortuosas, llenas de violencia, otras muy tiernas cuando sus hijos, ahora crecidos, se paseaban y se miraban frente a él y, al verse reflejados, le observaban con ojitos asombrados y llenos de misterio.
Ahora, se paran frente a él y se observan, se voltean, arreglan su pelo y ropa porque, sí, tienen razón, parece que el mundo lo tuvieran a sus pies y salen a conquistar cada espacio de su juvenil y casi adulto universo.
También los ha visto llorar, escarmentar. Los ha visto impotentes, asustados o atemorizados. Los ha visto soñadores, llorosos y enojados. Tres rostros limpios de surcos de vida y de tortuosos dolores. Tres rostros sin surcos dejados por el tiempo, por desvelos o décadas transcurridas.
Ha visto y conoce mucho la intimidad de su familia.
Ha sido testigo cómo esta hermosa mujer, ha luchado con una entereza increíble, cómo se ha esforzado por mantenerse erguida y no sucumbir ante una enfermedad que tiene mucho de crueldad y de incertidumbre, de una enfermedad que no se anuncia y que nunca dice cómo ni cuando volverá a clavar su aguijón.
Por algunos instantes ha querido ser trasladado o vendido a un hospital o una clínica para dar testimonio y aconsejar a las personas que, ante cualquier enfermedad, se derrumban y se dan por vencidas antes de dar la lucha, antes de intentar luchar y vencer batalla tras batalla.
En verdad, le gustaría ser alojado en un dormitorio donde un enfermo manipula, hace sufrir a toda una familia. Donde exista un enfermo que, despierte llorando y maldiciendo y que, cierre sus ojos de igual modo.
Le gustaría estar, durante una semana, en casa de un familiar del artesano que lo fabricó y, que fue testigo cuando enmarcaron su mirada de vidrio. Sí, porque esa persona nada hace por si misma. Se planta delante de un hermano gemelo suyo que es de igual tamaño, mira su rostro y cuerpo para estallar en violencia contra quienes le rodean, grita que nadie le entiende, que no saben de sus dolores, que no se preocupan de él, que esperan que se muera para repartir entre sí sus bienes.
Y ¿qué hace para evitar lo contrario? ¡Nada!
Grita, maldice, llora, sufre y hace sufrir a toda su familia.
Le gustaría hablar y contar de su experiencia de haber vivido años con su dueña......
Debiera existir, en el planeta de los hombres que enmarcan mirada de vidrio, muchas personas como ella – se imagina esa realidad, cuando la noche se viste de oscuridad y su mirada de vidrio, solo refleja oscuridad vestida de noche.-
Una cosa le gustaría tener y, sabe, nunca podrá conseguir; el hablar y poder contar sus vivencias, lo que ha visto.
Su pudiera hablar, diría a su dueña, que es admirable, que es una mujer extraordinaria, fuerte en sus debilidades, pudorosa, alegre, íntegra, especial, inteligente, habilidosa, profunda, interesante, generosa, auténtica femenina y delicada.
Le diría que su sonrisa es hermosa, dulce, limpia y transparente. Que su prestancia, delicadeza, femineidad y elegancia no se han visto disminuidas por las huellas, dejadas por el hombre, para erradicar el cáncer.

Después de terminar de arreglar con cierta coquetería el pañuelo sobre su cabeza y, dándose una última mirada ante su espejo, salió del dormitorio.

1 comentario:

Ana Luisa dijo...

Profesor, comparto su cuento y me conmovió pues sufro de cáncer a una de mis mamas y he sufrido mucho por la pérdida de mi cabello.
Soy de Colombia y por una amiga suya supe de Ud.
Lo felicito y su cuento me hizo llorar de emoción al saber de alguien que se pone de nuestro lado. Me he tomado la libertad de impriomir su cuento y regalarselo a otras mujeres que sufren como yo en los centros de atención médica de acá Bogotá. Recomendaré su blog.
Muchas gracias